lunes, 7 de abril de 2008

Thank You!

Se me hace extraño recibir tanto apoyo...

Es una sensación rara... ¿Es nueva?
Es rara, pero es cálida y agradable.


Sabes que hay alguien que está pendiente de ti, que se preocupa por ti. Que dedica unos segundos de SU vida a ti, para ti.

[Ordenando pensamientos...]

Me siento como una niña, aunque sé que lo soy; una cría, una niñata.
Por una parte me siento orgullosa de no haber cortado con el lazo de la infancia, de poder seguir teniendo esa imaginación propia de niños y ese punto de vista tan particular. Pero a la vez no haber cortado con ese lazo me hace sentir mierda... porque mi punto de vista es diferente, mi manera de pensar es diferente y parece que eso para alguien es más malo que bueno.
Y el orgullo se convierte en despecho.

Me siento como una niña, una niña a la que tienen que vigilar.
Una niña que necesita saber que su papa la está observando mientras pedalea por primera vez la bici sin las ruedecillas. Necesita saber que su papa la está observando, porque necesita tener la seguridad de que si cae, su papa va ha estar ahí. Para que no este sola, para que le calme el llanto y sobretodo: para darle fuerzas para volver a intentarlo y no desistir en la primera caída.

Yo soy como esa niña... necesito saber que no estoy sola, necesito tener alguien que me empuje a dar los 2 primeros pasos, no que me ayude a andar, sólo a empezar.
Porque yo sola no puedo...
Lo intento, porque creo que se puede decir que lo intento. Pero como nunca he hecho nada por mí me cuesta mucho lograr las promesas que me hago a mi misma, el compromiso es menor que cuando se lo prometo a otra persona o no tiene que ver conmigo. Es decir, no logro cumplir las promesas que me hago a mi misma, por eso necesito tener a alguien; alguien a quien prometérselo, a quien demostrárselo, alguien que confíe en mí... eso es.

Necesito a alguien que confíe en mi, que confíe en que yo si puedo lograrlo, porque yo nunca he confiando en mí... Entonces ¿si yo no tengo confianza en mi misma como lograr las cosas?

Sé que es muy triste depender de alguien para cumplir mis propias metas, y escribir esto me hace repensarlo mucho y este repensarlo mucho es como una pared rasposa que va rozándome, que va hiriéndome, que no me deja estar bien.



Es agradable esta sensación de saber que hay alguien que piensa en ti, que confía en que lo logres.
Pero todo tienes dos caras: la buena y la mala. La cara mala de esta sensación es el efecto segundario que provoca en mí. Que hace que me sienta mal, incomoda... porque estoy involucrando a otra persona, porque siento que por mi culpa esa persona tiene que perder valiosos segundos de su vida en mi vida, en cuidar de mi, en preocuparse por mi... y todo eso porque yo no puedo hacerlo por mi misma.



Patético... pero no todos hemos sido dotados con esa fuerza interior. Y a muchos que si lo fueron se les destruyó... se les impidió crecer.

No hay comentarios: