Hay personas que aparecen en tu vida y te reaniman en cuerpo, mente y alma.
Hacen que la vida vuelva arrancar, a RUGIR, a tener un sentido…
Se parecen tanto a un cromo de Edición Especial, digno de Coleccionista.
Te devuelven a una casilla, a una sensación, a un tiempo que habías dado por irrecuperable.
Pero curiosamente, esas personas no llegan, p r e c i s a m e n t e, para quedarse.
Son como una estrella fugaz, “Pausada” a mitad de su recorrido.
La ves, la observas, la admiras…
Llegando a creer que permanecerá ahí.
Hasta que un día, el “Play” se reanuda y la estrella sigue su camino.
Despareciendo, dejando vacío el cielo…
Regalándote un nuevo deseo:
“No más pérdidas indeseadas, por favor”.
No son las personas en si, sino aquel anhelo nuestro que se refleja en ellas.
La personificación de un deseo, al que logras ponerle voz y darle una piel.
Una esperanza que vuelve hacer brillar ese horizonte, que parecía haberse difuminado con el tiempo.
Nos apegamos a los cuerpos y a las sensaciones que estos brindan.
Creyendo y confiando que, por fin, llegamos hacerlo lo suficientemente bien.
Como para merecer ser amados y deseados.
No Cesará
hasta que
Aprendas.