sábado, 25 de abril de 2026

Todo lo que me hace Sentir Viva, me lleva a la Ruina P E R O-N O me Mata.

Hay personas que aparecen en tu vida y te reaniman en cuerpo, mente y alma.

Hacen que la vida vuelva arrancar, a RUGIR, a tener un sentido…

Se parecen tanto a un cromo de Edición Especial, digno de Coleccionista.

Te devuelven a una casilla, a una sensación, a un tiempo que habías dado por irrecuperable.


Pero curiosamente, esas personas no llegan, p r e c i s a m e n t e, para quedarse.


Son como una estrella fugaz, “Pausada” a mitad de su recorrido.

La ves, la observas, la admiras…

Llegando a creer que permanecerá ahí.

Hasta que un día, el “Play” se reanuda y la estrella sigue su camino.

Despareciendo, dejando vacío el cielo…

Regalándote un nuevo deseo:

“No más pérdidas indeseadas, por favor”.



No son las personas en si, sino aquel anhelo nuestro que se refleja en ellas.

La personificación de un deseo, al que logras ponerle voz y darle una piel.

Una esperanza que vuelve hacer brillar ese horizonte, que parecía haberse difuminado con el tiempo.


Nos apegamos a los cuerpos y a las sensaciones que estos brindan.

Creyendo y confiando que, por fin, llegamos hacerlo lo suficientemente bien.

Como para merecer ser amados y deseados.



No Cesará 

hasta que 

Aprendas. 




Las palabras salieron de mi boca de forma automática,

con total sorpresa, me escuché pronunciándolas.

El flujo de pensamientos que nadaba en mi cabeza

había emergido con una síntesis final:



 “ A Tu 

N i n g ú

T’ESTIMARà

M A i ”



sábado, 11 de abril de 2026

Siempre se terminan Ahogando. Siempre acabo Quemándome.

La rabia me trepa por el cuerpo del mismo modo que momentos antes lo hacía el deseo. 

¡ Maldita sea !
¿Cómo terminó sucediendo esto?

Porque no importa cual sea la emoción que me atraviesa, 
todas me impactan con la misma fuerza. 
Siempre en las vísceras. Siempre en la cabeza. 
Un sólo tiro y dos fallecidos. Un desangrado que dura días. 
 

Al menos, para mi consuelo, a la rabia la puedo domar.
Le gusta bailar con canciones que llegan a doler en los oídos.
Se distrae con la creación de elegantes frases. 
Y no me deja con el corazón en la boca y las bragas mojadas.

Aún así, debería enseñarle a gritar bajo, solo para que se no muerda a ella misma.
Debería vestirla de orgullo y pintarle los labios, para que su fuerza brillara como merece.
Debería dejarla salir a correr por esa carretera que no permite retorno.
Y debería alejarla del miedo, para que no la influenciara tanto. 

Porque la Rabia.
Es solo un dolor que no sabe cómo hablar.
Es una ilusión que tropezó y se partió el labio. 
Es un deseo que quedó encadenado.

Un animal herido consumido por el miedo. 

Y así es como ahora me siento yo.
Herida y asustada.

Solo porque un patrón abandonó su continuidad. 
Solo porque una conjetura volvió a aflorar.


Tener siempre la razón no implica siempre una victoria. 


viernes, 6 de marzo de 2026

La secuencia se repite siempre igual.
Como un bucle atrapado en un espacio-tiempo donde no existe nada más. 

Primero, tu labio inferior se retrae hacia dentro y tus dientes se clavan en él.

Técnicamente se conoce como “morderse el labio”. 

Pero la realidad no dicha del gesto, habla de un deseo interno. 


La imagen frente a ti se distorsiona parcialmente.

Tu enfoque está demasiado centrado en un punto para poder captar el resto.

Lo denominan Micro-enfoque. 


Lo único que no puedes sentir es la temperatura.

Pero no necesitas tocarlo para saber lo suave y firme que es.

Lo percibes con solo ver como se refleja la luz, en su piel, en las formas que se dibujan.


Luego, la caliente humedad se instala en la tela de tu entrepierna.

La tensión se adueña de tu cuerpo y empieza a recorrerte por dentro.

Los dedos de tus manos se acarician entre ellos, buscando el contacto.


Tu mirada permanece fija, sin opción posible de distracción.

Una belleza es exhibida sin coste alguno, sin necesidad de entrada previa.

Se regala a la vista de cualquier transeúnte afortunado que pase por ahí. 

Y tu agradeces no tener que compartir el momento con nadie más. 


El deseo empieza a pesar dentro de ti.

Porque no puedes evitar imaginar cómo sería sentir su piel.

A través de las yemas de tus dedos.

Por sobre tus labios entreabiertos.

Rozándose con tu propia piel.  


Entonces, cierras los ojos. 

Aunque la imagen sigue ahí. Intacta. 

Te obligas a respirar. A bajar el telón a la fuerza. 

Prestando atención a las voces de tu alrededor para poder volver.



Porque otra vez volvió a suceder. Tal cual como sucede siempre. 

Cuando él se quita la camiseta y su espalda queda en tu punto de mira.