Cuando era niña vivía de fabricar sueños.
En la adolescencia sobrevivía a base de fantasías y pequeños deseos echos realidad.
Y ahora que soy adulta, el valor de mi vida es medido a base de hechos relevantes.
Si es bien es cierto, que siempre nos alentan a no dejar de soñar, considero que cuando llegas esta edad -la mía- es mas conveniente para salud mental, cambiar los sueños por ASPIRACIONES.
Como decía uno de mis EX’s: “los Sueños SUEÑOS son”. Y curiosamente, esa frase ya no me repatea del mismo modo en que si lo hizo en el momento que la pronunció. Tampoco le doy TODA la razón a su opinión al respecto de ello, pero en estos últimos años he llegado a la certeza que solo aquellos que son lo suficiente VALIENTES consiguen hacer de sus sueños una REALIDAD.
Y en mi opinión, siendo totalmente subjetiva, considero que no hay una solo definición de valentía. Ya que, en mi caso justamente, a diario tengo que lidiar con el miedo y aferrarme de valor para EJECUTAR mi DEBER ante las funciones que mi empleo requiere y por el que me pagan.
Es curiosa la constante en la que me encuentro cuando desempeño mi “trabajo”… y mas curioso aún -pero no menos común- que desde fuera nadie lo perciba.
Este ejemplo no es precisamente una valentía que inspire o motive, que ayude a la evolución o promueva un cambio a gran escala. Tampoco es una valentía fruto del dolor o de una situación que venga del sufrimiento constante, como en el caso de una mujer maltratada que decide denunciar y pedir ayudar, o una víctima de violación que se atreve contar su dolorosa desdicha.
Y aún así, no deja de ser una situación en donde constantemente debo enfrentarme al miedo y a la consecuencia de mis actos. Pero no por ello me aplaudo. Porque desde mi perspectiva, desde la imagen que he formado de mi persona, se trata de algo que ya debería tener aprendido y que no debería afectarme como lo sigue haciendo. Y que no sea así, supone un hecho que resta valor a mi existencia.
Llegados a este punto -a esta edad- los hechos constituyentes de los últimos tres años, por no ir mas atrás, son una pura resta en la que, ahora mismo, el valor con el que yo -y seguro que alguien mas- puntúo mi vida le brinda el prefijo de un signo negativo al resultado de la puntuación. (-x)
Se que todos vivimos etapas oscuras y difíciles, en donde la vida es un maldito un fastidio. A pesar de que en mi situación no se haya reflejado en absoluto en el plano material -afortunada quejica- si que ha dejado huella en lo personal. Provocando un cambio tan sutil como devastador a partes iguales.
Pasar por este proceso me ha llevado a aprender varias -muchas- cosas y quiero creer que en algo soy mejor persona de lo que era antes, pero aun así… eso no dispone del suficiente valor para que los acontecimientos que han formando mi existencia, en el transcurso de estos años, merezcan ser celebrados.
Pensamientos con los que llevo lidiando desde ya hace tiempo y que han visto su resurgir gracias a que la fecha de mi nacimiento -¿Cumpleaños?- esté a la vuelta de la semana.
¿Que hay que celebrar?
¿Que sigo sumando años?
¿Así sin mas?
Se supone que si te regalan una bicicleta es para que montes en ella, no para que se oxide en el garaje…
Aquí es cuando el público responde: “yo no pedí una bici, yo quería un patinete, por eso no la uso porque NO ES lo que YO QUERÍA”.
Entonces, ¿cómo no tienes la vida que TÚ quieres, decides desaprovechar la que SI tienes?
No es que no me guste la vida que se me ha otorgado, no es eso, no. Lo que me crea esta enorme insatisfacción es COMO me he labrado esa vida. Y el hecho de que a pesar del esfuerzo que le he dedicado, el resultado -para mi- ha sido completamente en vano. Porque el punto en el que me encuentro está totalmente en el lado opuesto de lo que yo pensé, creí, soñé, imaginé… que estaría llegada a esta edad.
“No fallas Tú, falla tu Proyecto”
Pero cuando tus proyectos no dejan de fallar,
¿no será que eres el tú quién está fallando?
AQUELLO que DA VALOR a NUESTRA VIDA,
NO SON los LOGROS ACUMULADOS,
sino
el IMPACTO de NUESTRAS ACCIONES
EN LA VIDA de los DEMáS.
Y a mi me sigue pareciendo insuficiente para merecer celebrar que el próximo 23 de diciembre cumpliré 35 años.
¿Por qué?
Porque siempre he sido una personas con aspiraciones de grandeza.
Simplemente por eso.