viernes, 5 de diciembre de 2025


Existe en mi memoria un episodio de cuando tenia unos dos años, que curiosamente, no he olvidado. Por no decir que, es de los pocos recuerdos de mi infancia que puedo contar con los dedos de la mano. A pesar de no haber vivido ninguna infancia traumática y de poder hacer gala de tener una memoria fotográfica. 

El suceso ocurrió cuando fui a pasar unos días en casa de mi tía mientras mis padres estaban de viaje. De repente, “así de la nada” tuve un pico de fiebre tan alto que tuvieron que llevarme al hospital. Recuerdo el viaje en coche a través de la oscura noche, recuerdo estar en la camilla y a los enfermos tratándome bajo una luz extremadamente cegadora, recuerdo la tenue y vacía sala de espera y la maquina expendedora que había. Y desde ese momento, nunca mas en mi vida, he vuelto a tener fiebre. 

Se me quebró el termostato. 


¿Por qué no me podría pasar esto mismo con las emociones? 
Así seguro que se acabarían todas mis MIERDAS. 


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