- ¿Tienes un cigarrillo?
- Lo siento, pero YA NO fumo…
Al final soy libre… otra vez… y no se hasta cuando.
Pero por fin, puedo volver a respirar.
Puedo nadar, sin tener que parar…
Igual que un caballo corriendo al galope, que se para porque ya se canso de correr y no porque su cuerpo no podía continuar. La maravillosa sensación de hacer algo hasta la extenuación del placer y no de la condición física.
Se desvanecieron los limites que me impedían alcanzar de pleno mi apogeo energético.
Ahora puedo avanzar y, cuando YO decida parar, volver la vista atrás y amarme y aplaudirme; y descansar o continuar hacia adelante, un poco mas.
Sólo espero que la domesticada ira que me nace por ponerme en acción, aquella que durante tanto tiempo he reprimido, escondido e intentado anular de forma incorrecta, no se deshaga de la correa y no se quite el collar… todavía no hay suficiente prado alrededor para echar correr sin control.
2 comentarios:
Una voz muy esperanzadora. Quizá demasiado. Sé cauta, ten un plan preparado para cuando llegue el bajón, y mantente ahí arriba mientras puedas. A tope.
Tocar fondo es mi especialidad. Sólo subo para volver a sentir el drama de la caída.
Publicar un comentario