La repentina necesidad de mear mientras estás bailando en una fiesta.
El Satisfayer que te regalaron y que nunca usaste porque no hay nada como la carne caliente.
La tristeza que te invade cuando ves un prado lleno de basura.
El tratamiento para piojos al cual se hacen inmunes después de usarlo un par de veces…
Y toda esa M I E R D A que hierve en mi interior…
El mundo está lleno de inutilidades… ya sean cosas, cachivaches, necesidades y sentimientos.
Las ganas de gritar y la voz que no existe.
Las patadas que no sabes dar y que no dejas de imaginar.
Las cortas uñas que no sientes clavarse al cerrar el puño.
Las profundas respiraciones a las que te agarras mentalmente.
La maldita tensión en las cervicales por no dejar de apretar.
Y resoplas…
Una vez…
Otra vez…
Y te concentras en continuar, obviando todo lo demás.
Buscando un camino en el que distraerte, sin éxito alguno..
Siendo un enjambre de gilipolleces y tonterías.
Siendo un fascículo de viejos sueños extraviado.
Siendo un desperdició energético atascado.
Si sólo pudiera dejar de darle al coco.
Si sólo pudiera deshacerme de esas necesidades insaciables que me nacen.
Si sólo pudiera calmar esta intensa sensación que no deja de apretarme desde dentro.
Dejaría de parecerme aburrida la vida ¿?
Tendría ganas de volver a vestir mi cara con una sonrisa ¿?
“Dejaré de fumar si
tu te encargas de mantener
ocupadas mis manos y mi boca”
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